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Archivos para noviembre, 2006

CÓMO VIVIR EN EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO

 



TEMA: ¿CÓMO VIVIR EN EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO?

TEXTO:
EXPOSITOR: PASTOR FRANCISCO JAVIER MESÉN
(COSTA RICA)

INTRODUCCIÓN: El diccionario dice que una promesa es la seguridad de que una persona hará algo específico, o de que no lo hará. Tal declaración invita al oyente a confiar en que lo dicho se cumplirá. Una promesa bíblica es la aseveración de la intención de Dios de conceder por gracia un regalo; no es algo que nosotros nos hemos ganado o merecemos, sino una bendición que Él decide darnos. Y porque la Biblia dice que Él no miente, podemos creer que Dios cumplirá cada uno de las promesas que hace (Números 23:19; Isaías 65:16; Juan 14:6).

Lamentablemente, muchas personas pierden la oportunidad de disfrutar de las bendiciones que Di-os garantiza, por dos razones: porque no saben lo que dice la Biblia, o porque desechan las promesas como “demasiado buenas para ser ciertas”. ¡De qué seguridad tan grande se privan! Cuando usted y yo sufrimos pruebas, nada es más tranquilizador para nuestra vida que poder aferrarse a una clara promesa bíblica que se aplique a nuestra situación. Esa palabra enviada por Di-os se convierte en un ancla que nos da el valor para enfrentar nuestro problema de frente.

Una de las promesas más importantes para el cristiano es la afirmación de Di-os de que Él enviaría el Espíritu Santo para ser nuestro maestro, consolador y guía permanente. La Biblia enseña claramente que los creyentes están llamados a vivir en el poder del Espíritu Santo, lo que significa que nuestra relación con Él debe afectar todo lo que hacemos, cada día de nuestra vida.

LA PROMESA REVELADA A LOS DOCE

El Señor dio esta alentadora y preciosa promesa a Sus discípulos un día antes de Su crucifixión. Él sabía que ellos necesitarían un ancla espiritual en su vida; su fe sería severamente probada el día siguiente, y Él no quería que ellos se hundieran en la frustración y la desesperanza.

Yeshúa les dijo que, aunque era cierto que Él se marcharía, Su partida sería, en realidad, para el beneficio de ellos. Los discípulos no querían, que su amado y fiel líder los dejara. Pero Jesús sabía que al vivir en la tierra como hombre, sólo podría estar en un lugar a la vez; era imposible que se involucrara en la vida de todos simultáneamente. Pero, si se marchaba, esa limitación desaparecería porque el Padre enviaría al Espíritu del Di-os vivo para morar personalmente dentro de cada creyente.

Después de la resurrección, Yeshúa les dijo a sus discípulos que permanecieran en la ciudad hasta que fueran “investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49). Aunque los discípulos habían sido enseñados personalmente por Él durante tres años y medio y habían sido testigos de milagros sorprendentes, todavía no estaban preparados para seguirle, viviendo la vida cómo creyentes. Sería necesario un poder sobrenatural para que pudieran difundir las Buenas Nuevas que Dios les había mandado hacer. Para enfrentar una tarea de la magnitud de la Gran Comisión, ellos tendrían que saber que Dios estaría con ellos todos los días por medio de Su divina presencia (Mateo 28:19, 20). La afirmación de Yeshúa de que Di-os enviará Su espíritu para que morara en Sus seguidores, es una promesa rebosante de poder y de bendiciones, que todo hijo Suyo tiene el derecho a reclamar.

¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?

La Trinidad está constituida por Di-os el Padre, Di-os el Hijo y Di-os el Espíritu Santo, y todos ellos tienen papeles diferentes. El Padre está en el cielo en Su trono; el Hijo está sentado a la diestra del Padre, intercediendo por los creyentes; y el Espíritu está morando dentro de los creyentes. Los tres estuvieron presentes “en el principio” (Génesis 1:1, 2, 26; Colosenses 1:16). El Espíritu Santo, al igual que los dos otros miembros de la Deidad, tiene personalidad, lo que significa que Él siente, sabe y tiene voluntad. (1 Corintios 2:11; 12:11; Efesios 4:30). Por lo tanto, el Espíritu es una persona, no una “cosa”.

Según Efesios 1:13, 14, el Espíritu Santo es el sello de propiedad de Di-os sobre el creyente; usted le pertenece a Él una vez que pone su fe en el Salvador. Algunas personas pudieran negarlo, pensando: Yo soy el dueño de mí mismo, pero todo cristiano ha sido comprado con la preciosa sangre de Yeshúa. Todos los creyentes, pertenecemos a Di-os y no podemos hacer lo que nos plazca. En el momento de la salvación, fuimos “sellados para el día de la redención”, que es la gran certeza de la seguridad eterna (Efesios 4:30). No fuimos sellados simplemente hasta el momento siguiente en que cometamos un pecado, sino hasta que Di-os nos lleve al hogar celestial.

Todos queremos tener amor, paz y alegría en nuestras vidas, y todo esto tiene su origen en el Espíritu de Dios (Gálatas 5:22, 23). Él intercede por nosotros cuando no estamos seguros de cómo orar (Juan 15:26; Romanos 8:26). Además, el Espíritu Santo es quien reparte los dones espirituales, capacitando así a los hijos de Di-os para cumplir con el plan del Padre Celestial para sus vidas (1 Corintios 12). Si hacemos caso omiso de Él, nos perdemos Sus bendiciones, terminamos siendo infructíferos y desanimados en la vida cristiana.

CÓMO NOS AYUDA EL ESPÍRITU

Convicción. El Espíritu Santo es fundamental para la salvación. Puesto que Él nos convence de nuestro pecado y de la justicia de Mashiaj; somos capaces de comprender que sólo Yeshúa pudo satisfacer el requerimiento divino de un sacrificio perfecto que pagara la deuda de pecado del hombre (Deuteronomio 17:1). Además, el Espíritu convence también al mundo del juicio venidero. En realidad, sin el Espíritu Santo no seríamos capaces de discernir las cosas espirituales (1 Corintios 2:14).

Presencia. Cuando usted confía en Yeshúa Ha Mashiaj como su Salvador personal, el Espíritu Santo viene a morar permanentemente en su vida. Desde ese momento, usted nunca es dejado a sus propios recursos; el Espíritu del Di-os vivo está a su disposición para ayudarle, enseñarle, guiarle y darle el poder para que haga todo lo que el Padre Celestial se ha propuesto para usted (Juan 14:17). Cualquier persona que piensa que puede vivir la vida cristiana sin el Espíritu Santo, está condenada al fracaso, a la frustración y a la desdicha. Sólo por el poder del Espíritu de Dios podemos vivir la vida cómo creyente (Romanos 8:13, 14; Gálatas 2:20).

Instrucción. Una responsabilidad del Espíritu Santo es ser nuestro maestro y recordarnos las palabras de la Escritura (Juan 14:26). Los pastores y los demás líderes espirituales son simplemente portavoces. El Espíritu interpreta la Palabra de Di-os al corazón del oyente en base a lo que cada persona necesita saber. En realidad, si yo le dijera a la congregación al final de un sermón: “Díganme lo que oyeron hoy”, le garantizo que cada persona habría aprendido algo ligeramente diferente. En una ocasión, una mujer me dijo lo bendecida que había sido por mi mensaje, y le pregunté qué le había dicho Di-os. Procedió a decirme algo maravilloso que yo nunca había dicho antes, ¡pero que habría deseado poder expresarlo de esa manera! Yo sabía que era el Espíritu Santo quien le había hablado. Sin embargo, tenga en cuenta esto: Si a usted se le ocurre una idea que contradice la Palabra de Di-os, esa voz que está escuchando no es la del Espíritu Santo, porque Él nunca dirá nada que sea contrario a la Escritura.

Guía. Dentro de nosotros hay una brújula divina, cuyo trabajo es guiarnos a la verdad (Juan 16:13). A veces, tenemos que hacer decisiones sin tener la información, pero el Espíritu de Dios conoce la verdad. Cuando Él dirige en cierta dirección, ésa es la correcta, porque el Señor es omnisciente. Muchos pasajes de la Biblia nos animan a confiar en la guía precisa del Espíritu. Salmo 32:8 y Proverbios 3:5/6 son promesas divinas que debemos reclamar.

Ayuda. ¿Cuántos de nosotros hemos necesitado ayuda alguna vez? Todos, por supuesto. Aunque nuestro instinto sea acudir a la familia, a los amigos, a un médico o a un banquero, debemos primero clamar al Espíritu Santo que está dentro de nosotros (Juan 14:16). Él puede y está listo para ayudar, incluso en esos momentos tan abrumadores que nadie más pudiera levantarnos. Él entiende que necesitamos ayuda cada día: en nuestras pruebas, tentaciones, relaciones, carreras, familias, finanzas, y en todos los demás aspectos de la vida. El Espíritu Santo puede cambiarle a usted antes de cambiar una circunstancia, pero Él se ocupará de intervenir a su favor si clama a Él.

Poder. El mismo poder que levantó a Mashiaj de los muertos está a su alcance por medio del Espíritu Santo, que vive en usted (Romanos 8:11). Este poder es la potencia y la sabiduría divina en la vida del creyente con el propósito de que tenga un servicio fructífero y una vida santa. Cuando usted permite que el Espíritu Santo exprese Su vida a través de su ser, se está conectando con la potencia y la guía de Di-os mismo.

CONCLUSIÓN:¿Cómo está su vida cómo creyente? ¿Son más sus quejas que sus alabanzas al Señor? ¿Se pregunta por qué sus esfuerzos no rinden fruto? Si no comprende quién es el Espíritu Santo, no conoce una parte vital de su vida como creyente. El Espíritu Santo quiere vivir y actuar en usted, guiándole y dándole el poder para que cumpla con el plan que Dios tiene para su vida.

Es una decisión que usted debe hacer: ¿Dará una batalla perdida tratando de vivir la vida cómo un verdadero creyente con sus propias fuerzas, o aceptará la maravillosa promesa de Di-os dejando que Él viva esa vida a través de usted? Mi oración es que usted haga una decisión sabia.